Seguro
Es lo que dicen que ha de ser
Seguro
Sólo es que un día moriré
Incluso entonces
Seguiré amándote
Por ese segundo
Eterno y fugaz a la vez
En que fuimos uno
y ahora somos tres.
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viernes, 27 de octubre de 2017
miércoles, 9 de agosto de 2017
Un barco
Siempre a merced de los vientos,
a veces rodeado por la niebla,
contando solamente
con su armazón de madera.
Bajo el ardiente sol
o las calladas estrellas,
el barco navega.
Entre olas verdes, bajo un cielo azul,
junto a los árboles que plantaste tú,
el barco navega.
Bajo mares de nubes,
con los montes siempre delante,
y los huertos en derredor,
este, tu barco, navega.
a veces rodeado por la niebla,
contando solamente
con su armazón de madera.
Bajo el ardiente sol
o las calladas estrellas,
el barco navega.
Entre olas verdes, bajo un cielo azul,
junto a los árboles que plantaste tú,
el barco navega.
Bajo mares de nubes,
con los montes siempre delante,
y los huertos en derredor,
este, tu barco, navega.
sábado, 28 de diciembre de 2013
Luis sin Piel
Cruzo un mar de nubes y despido al volcán,
donde anoche presencie un huracán.
Mas no fue viento, sino sentimiento
lo que nos vino a azotar.
Transportados en tu aliento,
expresan más que años de tinta y papel.
Son acordes de un pasado común,
que ahora en tu voz nos parece sencillo.
Salen de debajo de tu piel,
se cuelan en nuestros bolsillos,
nos desposan
como si no llevasemos anillos.
Despegas la garganta y te seguimos,
a un sitio tras el fondo del corazón,
a una esquina del alma
donde sabes que nos conocimos.
Permanecemos en esta realidad enmudecedora,
hasta que termina, tierna, y nos domina.
Cala en los huesos, se nutre en el corazón,
ahonda en nuestra alma, nos guía la respiración.
Nos hace reír, cantar, sentir, recordar,
a todos, viejo y joven, por igual.
Es un sitio al que regresar,
un Luis que vive ahora bajo nuestra piel,
un espejo propio frente al baño,
donde todos nos podemos mirar.
miércoles, 8 de mayo de 2013
Benarés
He llegado al mediodía a Benarés.
Viajé en busca de un maestro.
Ahora comprendo que no hay maestro,
excepto el que ahora ordena sus cabellos frente al espejo,
tras muchos días de largo caminar.
Eso es lo que aprendí en el viaje, en el camino.
Al pasar una calle, veo una niña en la puerta de una casa.
Me pide que la acompañe, y siento que una parte de mi alma
ya va con ella.
Viene también con nosotros una perra, que aún es un cachorro,
juguetona y feliz.
Llegamos a una casa en mitad de los campos, y comprendo que
siempre ha estado ahí, esperándome.
Lo único que tenía hacer era desear llegar a mi hogar.
Ese sitio que dicen que está donde se encuentra el corazón.
domingo, 7 de abril de 2013
Romper una lanza
Sí, a eso estaba dispuesto: a todo.
A romper una lanza en nombre de la libertad de expresión
(aunque sólo se trate de la mía).
A hablar, como siempre hacemos algunos, en nombre de
quienes otros medios silencian y ningunean.
A poner voz, luz, cámara, fotos, música, vídeos...
para que todo el mundo los viese actuar, aunque no son
un grupo musical de mi estilo.
Hasta que alguien me habló de algo que no había, que faltaba:
Respeto.
Y eso es algo que cualquiera que se sube a un escenario le debe,
por principio, al público que tiene delante, sean sus fans o no.
No se puede defender un mensaje y mostrar otro, no se puede
faltar al respeto al público de un festival y esperar recibir
lo que no se da: quien desea ser respetado, debe primero mostrar
respeto a los demás. Por mucho que sus canciones, estética y
forma de actuar recuerden a otros tiempos y otras bandas de la
misma línea musical, hay actos que no son éticos ni correctos,
como insultar o arrojar objetos a los espectadores.
Por muy anti-sistema que sean, si suben a actuar, están aceptando
unas normas sociales. Y si no las aceptan, sería mejor para todos
que no actuasen. Lo único que consiguen es quedar mal, y dar una
mala imagen del tipo de banda que son y del estilo musical que
interpretan.
El público podría, erróneamente, asociar esa mala imagen
con otras bandas punk, con otros músicos que sí se dejan la piel y
se deben al público ante el que actúan, y que sí respetan a ese público,
aunque no sepan si les va a gustar su música o si comparten las ideas
que defienden con sus canciones (que también son, muchas veces,
otra forma más de protestar contra el sistema establecido).
Que empiezen por respetar, y entonces, habrá lanzas que romper...
A romper una lanza en nombre de la libertad de expresión
(aunque sólo se trate de la mía).
A hablar, como siempre hacemos algunos, en nombre de
quienes otros medios silencian y ningunean.
A poner voz, luz, cámara, fotos, música, vídeos...
para que todo el mundo los viese actuar, aunque no son
un grupo musical de mi estilo.
Hasta que alguien me habló de algo que no había, que faltaba:
Respeto.
Y eso es algo que cualquiera que se sube a un escenario le debe,
por principio, al público que tiene delante, sean sus fans o no.
No se puede defender un mensaje y mostrar otro, no se puede
faltar al respeto al público de un festival y esperar recibir
lo que no se da: quien desea ser respetado, debe primero mostrar
respeto a los demás. Por mucho que sus canciones, estética y
forma de actuar recuerden a otros tiempos y otras bandas de la
misma línea musical, hay actos que no son éticos ni correctos,
como insultar o arrojar objetos a los espectadores.
Por muy anti-sistema que sean, si suben a actuar, están aceptando
unas normas sociales. Y si no las aceptan, sería mejor para todos
que no actuasen. Lo único que consiguen es quedar mal, y dar una
mala imagen del tipo de banda que son y del estilo musical que
interpretan.
El público podría, erróneamente, asociar esa mala imagen
con otras bandas punk, con otros músicos que sí se dejan la piel y
se deben al público ante el que actúan, y que sí respetan a ese público,
aunque no sepan si les va a gustar su música o si comparten las ideas
que defienden con sus canciones (que también son, muchas veces,
otra forma más de protestar contra el sistema establecido).
Que empiezen por respetar, y entonces, habrá lanzas que romper...
domingo, 30 de diciembre de 2012
Un pájaro pequeño
Esta mañana lo oí cantar,
debe haber hecho su nido encima nuestra,
en un alero del tejado.
Aunque creo que, en verdad,
ha horadado su casa en la madera nudosa
que ocupó antaño un lugar en mi pecho.
Y la ha transformado, haciendo su hogar:
huecos llenos de luz, pasillos henchidos de aire,
puertas macizas de esperanza,
ventanas abiertas de amor.
Es un pájaro pequeño, de pico aguzado e inquieto,
creo que alguien una vez dijo su nombre: Felicidad.
Las ilusiones me arañan las manos por la noche,
los sueños hacen agujeros en la luz del día,
es difícil saber si vivo o sueño,
porque soy más feliz en mi vida
de lo que nunca fui en sueños.
lunes, 3 de diciembre de 2012
Vuelo en negro
Te he visto.
Ibas a 90 kilómetros por hora.
Por un camino de campo.
También lo he visto a él.
Ha salido de la derecha, entre los limoneros.
Con una decisión total, ignorante del destino.
La puerta de tu coche deportivo lo ha parado.
Y lo ha devuelto en línea de agonía, hacia los limoneros.
He contemplado, por el rabillo del ojo, su estertor.
Tú ni siquiera has frenado una fracción de segundo.
Posiblemente ni lo habrás notado.
Un golpe en la puerta, una vida menos.
Como una bala, salida directa de la mano del destino.
Con tu imprudencia, ni has notado que era un cuervo.
Podría haber sido una madre,
con su hijo en los brazos.
Podría haber sido un campesino.
Podría haber sido tu propio hijo.
Pero a ti eso no te importa,
porque con tu coche
los puedes adelantar a todos,
los puedes matar a todos.
Porque tú atesoras ese derecho,
te lo apropias.
El derecho a vivir.
El derecho a existir.
Ibas a 90 kilómetros por hora.
Por un camino de campo.
También lo he visto a él.
Ha salido de la derecha, entre los limoneros.
Con una decisión total, ignorante del destino.
La puerta de tu coche deportivo lo ha parado.
Y lo ha devuelto en línea de agonía, hacia los limoneros.
He contemplado, por el rabillo del ojo, su estertor.
Tú ni siquiera has frenado una fracción de segundo.
Posiblemente ni lo habrás notado.
Un golpe en la puerta, una vida menos.
Como una bala, salida directa de la mano del destino.
Con tu imprudencia, ni has notado que era un cuervo.
Podría haber sido una madre,
con su hijo en los brazos.
Podría haber sido un campesino.
Podría haber sido tu propio hijo.
Pero a ti eso no te importa,
porque con tu coche
los puedes adelantar a todos,
los puedes matar a todos.
Porque tú atesoras ese derecho,
te lo apropias.
El derecho a vivir.
El derecho a existir.
viernes, 11 de mayo de 2012
Flor de vida
Anhelo el día que al fin podamos estar juntos, tú y yo,
sin agobios, sin preocupaciones.
Anhelo ese día de vida compartida, como uno solo,
día tras día, una sola fotografía.
La isla de tu corazón será mi refugio,
y tu morarás en mi abrazo.
El brillo de tus ojos como cuchillo,
atraviesa mi alma y corta el hilo,
separando la senda del mundo conocido.
Eres quien da de beber a mi musa,
quien ata los caballos salvajes que invaden
mis sentidos cuando corro.
Eres el silencio hecho piedra, cuando te enfadas.
Eres la jauría que persigue al ciervo, cuando me amas.
Eres el vuelo del colibrí, cuando bromeas y ríes.
La niña que atraparon las plumas de mi sueño,
esa flor
que da sentido a mi vida.
sábado, 10 de marzo de 2012
Mujer Espejo
que se pone frente a mí,
reflejando las cuentas pendientes
que debo rendir.
Me hace ver todos mis miedos,
a los que sobreviví,
construyendo castillos sin puentes
por donde salir.
Llegó por el aire,
como hace la brisa.
Abriendo ventanas,
me fue enderezando
mi torre de Pisa.
Me fui dando cuenta
de que soy un artista.
Porque tengo
que encender
mi oscuridad.
Porque tengo
muchas migas
por detrás.
...
Amo a una mujer espejo,
y la miro de perfil.
Se refleja lo bueno y lo malo,
la paz y el misil.
Me descubre los complejos,
y me sirve de candil,
que se pone a mi espalda
mostrando una sombra de mí.
Llegó por el aire,
con soplos de risa.
Abriendo ventanas,
tirando repisas,
moviendo cortinas.
Me fui dando cuenta
de que soy un artista.Porque tengo
una trinchera
por hogar.
Porque tengo
mil anclajes
que soltar.
Porque tengo
mucha mierda
que limpiar.
Mis espejos
los colgaba
Valle-Inclán.
Amo a una mujer espejo,
que se pone frente a mí,
reflejando las cuentas pendientes
que debo rendir."
- Mujer Espejo, canción de Luis Quintana.
Dedicada desde aquí para Victoria Elena.
jueves, 16 de febrero de 2012
Cercle davant el temps - Círculo ante el tiempo
I els ametllers estan en flor: Y los almendros están en flor:
malgrat el fred, fins i tot amb la calor. pese al frío, aún con el
calor.
Veig una noia plorant, Veo
a una niña llorando,
sento la seua ràbia i el seu dolor. siento su rabia y su
dolor.
El temps ha canviat la seua vida: El tiempo ha cambiado su vida:
el seu pare va partir cap a una millor. su padre partió hacia una
mejor.
Plora, meua noia xicoteta. Llora, mi niña pequeña.
Plora, fins que deixis tancat el dolor. Llora, hasta que dejes
cerrado el dolor.
Recorda que estic al teu costat. Recuerda que estoy a
tu lado.
Recorda que tens el meu amor. Recuerda que tienes mi amor.
Van venir els germans corrent, Vinieron los hermanos
corriendo,
en cercle seua mare els va unir. en círculo su madre los unió.
Formant amb les seues voluntats Formando con sus voluntades
el que abans el cor conèixer. lo que antes el corazón conoció.
Veient tan lleial i lliurada família, Viendo tan leal y
entregada familia,
conèixer al pare hauria estat un honor. conocer al padre
habría sido un honor.
Plora, meua noia xicoteta. Llora, mi niña pequeña.
Plora, fins que hagi passat el dolor. Llora, hasta que haya pasado
el dolor.
Recorda que estic al teu costat. Recuerda que estoy a tu lado.
Recorda que tens el meu amor. Recuerda que tienes mi amor.
- Dedicat per la meua noia.
domingo, 29 de enero de 2012
Una nueva estación
Y ahora que vuelve a haber almendros en flor,
ahora que ya van 36 otoños,
ahora...
Llegas tú, trayendo en tus manos una nueva estación:
la que no cesa de llenar de felicidad mi corazón.
- Dedicado a Victoria.
miércoles, 4 de enero de 2012
Hibórea
Hace ya varios milenios, la Tierra estaba aún cubierta por el hielo, bajo un manto de oscuras nubes. El Sol la observó, y adivinando la belleza y la vida que albergaba bajo las capas de hielo, quiso fundirlo.
Empezó por acercarse más, y comenzó a calentar la atmósfera, hasta que la densa capa de nubes que entorpecían su visión se empezó a disipar. Entonces pudo verla más de cerca, cubierta todavía por el hielo. Y supo lo que debía hacer: continuar proporciónandole calor, hasta que se hubiera derretido el hielo casi en su totalidad.
Y le dijo: "Tierra, voy a fundir todo el hielo que me sea posible, hasta que puedas mostrarte ante los demás tal y como eres, hermosa y llena de vida. Pero necesitaré tiempo para poder hacerlo, ya que el hielo cubre casi por completo tu superficie."
Y la Tierra, bajo su manto de hielo, lo escuchó, y llegó a ver algo del brillo de su luz.
Y le respondió: "Sol, necesitaré tiempo para que el agua que salga del hielo derretido forme ríos, lagos, mares y océanos. Y tendré que ir movíéndome, siempre al mismo ritmo, danzando sobre mí misma, para que calientes toda la superficie y no sólo una parte."
Ambos comenzaron a bailar al ritmo de la música de las estrellas, cuya melodía sólo ellos podían descifrar, hallando juntos el compás que les correspondía en la eterna danza.
Y así, queridos niños, comenzó el tiempo (no, no me refiero al Tiempo del Universo, sino a uno más sencillo, más pequeño y cálido, el que comparten el Sol y la Tierra). Y con el tiempo, brotaron las flores, e incluso hay quien dice que se escuchó cantar a un ruiseñor.
viernes, 11 de noviembre de 2011
El manantial
Mi alma fluye.
De su interior nacen palabras.
Unas llegan al mundo envueltas en lágrimas.
Otras, en luz.
Deseo que por un instante, dibujen tus ojos marrones.
El óvalo de tu cara pícara y risueña,
la ansiedad transida de dolor que a veces invade tu ser.
Nadie nos hiere, nosotros solos nos herimos, aceptamos.
Sal y brilla en tu risa.
Que sea como el manantial que brota en la piedra,
desde lo más profundo de la montaña,
y se derrame sobre todos por igual.
Que arrastre sus envidias, sus celos, su falta de sentimientos.
Haz lo que mejor sabes hacer: vive, aprende. Y enseña.
Sabes que tú te lo mereces.
Que tu esfuerzo será lo que otros recuerden,
cuando tengan hijos y los eduquen.
Viaja, búscalo, atràpalo, y traételo de vuelta:
pues el conocimiento es el más preciado tesoro,
y la experiencia compartida nos enriquece a todos.
- Dedicado a la buceadora más valiente que conozco.
domingo, 30 de octubre de 2011
Escrito en el hielo
Superficie del Lago Subglacial Vostok, Antártida
Destierra a tu amante, ese viento gélido y glacial.
Ese que en las tardes de lluvia, y en las mañanas de sol, te acompaña.
Allí, donde no hay vecinos.
Es lo más fácil, lo sé. Pero tú no eres fácil, ni yo tampoco.
Elegimos siempre la senda oscura, el camino embrozado,
porque ese es el que hay que recorrer.
Vuelve a tu camino, búscate, alégrate, siéntete.
No dejes nunca de buscar.
Más allá de la voz del viento, está tu libertad.
No te refugies, sino en tu alma.
No te escondas, sal al mundo, re-encuéntrate en la mirada y la voz de los demás.
No vuelvas atrás, por nada ni por nadie.
Es tu libertad, tu vida, tu risa, tu sonrisa, lo que hace girar el mundo.
Tu mundo. Re-correlo. Conócelo.
Y si te pierdes, recuerda donde tienes una mano a la que agarrarte y correr.
Seguro que, si lo piensas, tienes más de una.
Entre ellas, la mía.
Siempre.
- Dedicado a Eishtar.
domingo, 23 de octubre de 2011
Profundidad Abisal
Leo el GPS de mi muñeca. Las coordenadas son correctas.
Paro el motor de la Zodiac, tiro la boya al agua, compruebo la carga de las botellas con el manómetro, me ajusto el equipo y, de espaldas, me sumerjo.
Lentamente, voy respirando para acostumbrarme a la profundidad, tapándome la nariz a intervalos para regular la presión del oído interno.
Bancos de peces pasan rozándome, curiosos por el nuevo inquilino de su bello hogar.
Les imito y me deslizo como ellos, sólo moviendo las aletas, abajo, abajo, casi en vertical.
Desciendo hasta el fondo marino, que continúa hasta un cortado, 30 metros delante mía.
Miro el profundímetro, según voy acercándome a la sima.
Me asomo al borde.
Hasta aquí puedo llegar. Si continuara descendiendo, sería mortal de necesidad.
Sigo avanzando, atento a la aguja del profundímetro, y supero el borde, desplazándome en línea recta, sin descender ni un metro.
Miro hacia la profundidad abisal, hacia ese mundo sin explorar, que me llama y me atrae, pero al que no puedo bajar.
De pronto, algo sube hacia mí. Viene en línea recta. Se mueve como un pez, pero es demasiado grande. Consigo verlo mejor según se acerca.
Le echo mano al cuchillo, me preocupa que sea un depredador y me haya confundido con una presa, pero quiero ver al menos de qué se trata.
La sirena sube y me abraza, me coge de la mano, y me hace un gesto para que la siga.
No sé porqué, me da confianza su tacto.
Oigo un dulce canto, que sale de ella, y la sigo, abajo, abajo.
No sé porqué, me da confianza su tacto.
Oigo un dulce canto, que sale de ella, y la sigo, abajo, abajo.
Descendemos hacia el fondo, miro el profundímetro, pero ha dejado de funcionar.
El aire de la botella no se agota, aunque hace más de una hora que debió haberse acabado.
Ahora que me fijo... el reloj también se me ha parado.
Me conduce hacia una oquedad en una roca, donde está su hogar.
Hoy tiene necesidad de conversar.
Allí abajo el tiempo no existe.
Sólo existe la amistad.
- Dedicado a una sirena de la Maragatería.
Mercachifles
Respeto:
Una palabra caída, fuera de la moda y del tiempo, denostada como algo pasado, en aras de lo comercial, de lo que se vende...
Anteayer, un hombre murió en un horrible accidente de conducción... y justo después de mostrarlo, el presentador de la sección de deportes del telediario trataba de vendernos un seguro para el coche.
No hubo lamentos por su pérdida, ni por el dolor de su familia, no sabemos qué edad tenía... sólo lo vimos morir en directo, porque era lo que querían que viéramos, lo que les convenía que viéramos... para luego vendernos lo que quieren que compremos.
Es por eso que cada día me gusta menos la televisión, ni siquiera los "informativos" dan información.
También hace tiempo que no me acerco a la feria de antigüedades que suelen poner en Torre Pacheco cada año... porque las antigüedades en sí, me gustan, pero cuando veo expuestos y a la venta uniformes de soldados de varias guerras y distintos bandos... siempre me pregunto si me gustaría que alguien comprase el uniforme o los efectos personales que llevó mi abuelo en la guerra civil... y la respuesta es siempre la misma... no.
Por eso no quiero nada de ese hatajo de asquerosos mercachifles, capaces de comerciar con la muerte, sin respeto por la vida ni la memoria de los que ya no están, ni por la pérdida y el dolor de sus familias.
Una palabra caída, fuera de la moda y del tiempo, denostada como algo pasado, en aras de lo comercial, de lo que se vende...
Anteayer, un hombre murió en un horrible accidente de conducción... y justo después de mostrarlo, el presentador de la sección de deportes del telediario trataba de vendernos un seguro para el coche.
No hubo lamentos por su pérdida, ni por el dolor de su familia, no sabemos qué edad tenía... sólo lo vimos morir en directo, porque era lo que querían que viéramos, lo que les convenía que viéramos... para luego vendernos lo que quieren que compremos.
Es por eso que cada día me gusta menos la televisión, ni siquiera los "informativos" dan información.
También hace tiempo que no me acerco a la feria de antigüedades que suelen poner en Torre Pacheco cada año... porque las antigüedades en sí, me gustan, pero cuando veo expuestos y a la venta uniformes de soldados de varias guerras y distintos bandos... siempre me pregunto si me gustaría que alguien comprase el uniforme o los efectos personales que llevó mi abuelo en la guerra civil... y la respuesta es siempre la misma... no.
Por eso no quiero nada de ese hatajo de asquerosos mercachifles, capaces de comerciar con la muerte, sin respeto por la vida ni la memoria de los que ya no están, ni por la pérdida y el dolor de sus familias.
miércoles, 28 de septiembre de 2011
La hija del Roble
El duende era ya un poco viejo, aunque nadie lo diría, pues hacía 150 años que se había dejado la barba y aún la conservaba igual (como el diría, un duende ha de estar siempre pulcro para cruzar el arco iris).
Era catalán, aunque se había trasladado a un pueblecito pequeño de Asturias, donde disfrutaba sus días entre sidra y gaitas. Esa mañana, camino de la sidrería del pueblo (donde siempre sisaba algo de crema de quesuco y ramoneaba un poquejo de sidra a primera hora), le sonó el móvil. Sí, habéis oído bien, nuestro duende es moderno y lleva móvil -principalmente, para hablar con la familia. No le gusta, pero acabaron convenciéndolo-.
"¿Digin?" -respondió. "Hola, yayo. Soy Cimbel, tu nieta. Quería preguntarte una cosa que mamá me dijo que tú sabrías." -le dijo ella.
"Caramba, que alegría oírte, cariño. Dime qué quieres saber." -respondió el duende, contento del parloteo franco y tintineante de su nieta.
"Esta mañana, al salir a pasear con mi amiga Dzy´ann, hemos visto algo que nos ha extrañado. Hay una colina en un claro del bosque, encima de la cual se asienta una casa de piedra. Rodeándola, casi por completo, hay una inmensa hiedra. Pensábamos que la hiedra sólo crecía sobre los árboles, nunca la habíamos visto sobre una construcción humana. Bien es cierto que ha sido nuestro primer paseo por los pueblos de Asturias, pero suponemos que habrá más casas como esa. Queremos saber cómo es posible que una criatura del bosque, como la hiedra, se avenga a convivir con humanos, que lo queman y lo destruyen." -le explicó Cimbel.
"No todos los humanos son iguales, querida niña. Está bien, decidle a vuestras madres que os venís a cenar conmigo, y os lo contaré. En mi casa, a las ocho." -la despachó el duende, colgando el móvil. Aún no se había acostumbrado a hablar por ese aparato, por mucho que sus amigos de Ciudad Lineal insitían en que era lo mejor del mundo. Tampoco iba a contar una Historia de esa manera, ni siquiera a su nieta, pudiendo hacerlo cara a cara, como mandaba la tradición de su familia de cuenta-cuentos.
Las niñas llegaron puntuales, Cimbel con sus orejas puntiagudas y brillantes, y Dzy´ann con sus alitas relucientes y su sonrisa encantadora (puesto que era un hada, no un duende).
Hace mucho tiempo, cuando todavía no había tantos hombres sobre esta tierra -comenzó el duende a relatarles-, cuando los hijos y las hijas del bosque andaban libres, y aún no había cambiado su reino de lugar, ocurrió esta Historia:
El Roble, el árbol más grande y antiguo de todo el bosque, tenía una hija. Esta se convirtió en una muchacha ágil y fuerte, capaz de cazar tan bien como cualquier hombre (y mejor que muchos, de hecho). Un día, siguiendo a un ciervo, llegó hasta un arroyo que no conocía, y viendo al ciervo vadearlo, pensó que sería fácil para ella. Pero era de noche, y el ciervo sí conocía el camino de piedras que había bajo la rápida y fría corriente del arroyo. Ella se confió, y al meter su pierna derecha en el agua sintió un calambre y le falló, pues el agua estaba muy helada. Se hundió por completo en la corriente, y el arroyo la arrastró ladera abajo. Al final, llegó a un remanso, dolorida y magullada por raíces y piedras, y aterida por el frío. Allí pudo salir de la corriente y, exhausta, se dejó caer en la orilla, inconsciente.
El ciervo vio el lugar donde ella había caído, pero sintió un escalofrío y su instinto le avisó para salir corriendo de allí. En ese preciso instante, una criatura envuelta en una capa, oscura como la noche, se acercó a la muchacha. "Vaya, la hija del Roble está a mi merced. Los astros no pueden ser más favorables esta noche." -pensó para sí misma Volga, la Vieja. Había estado allí desde que el mundo era joven, y había visto crecer al antiguo Roble. Sabía que a través de su hija podría tener poder sobre él, e incluso hacerle daño. Cuando el Roble no gobernase, todo el poder del bosque sería suyo. No es que ahora no tuviera poder, es que para ella eso eran migajas comparado con lo que podía llegar a tener.
"¿Qué voy a hacer contigo? Mmmmm. Ya lo sé. Te enviaré al pueblo como una humana normal. Cuando tu padre vea que te has ido con los hombres y te has olvidado del bosque, se enfadará y la magia del bosque se volverá contra ellos." Y tras decir esto, sacó de su zurrón un frasco muy bien envuelto en pieles, de aspecto delicado, lleno de un líquido azul y gelatinoso, que le hizo tragar a la muchacha, mientras esta seguía inconsciente.
A la mañana siguiente, la muchacha despertó, habiendo olvidado por completo quien era. Sentía que debíar ir al pueblo, y una palabra sonaba cada cuarto de hora en su cabeza, aunque ella de eso no sabía nada, pues Volga la Vieja había grabado un nombre en su subconsciente.
"Ternain."
Esa fue la primera palabra que dijo la hija del Roble cuando vio en el camino a un hombre con aspecto de leñador. Aún le faltaban dos horas andando hasta el pueblo. El hombre le indicó que se acercara por un camino que rodeaba el pueblo, a su derecha, hasta una casa sobre una colina en el claro del bosque. Allí vivía Ternain, el carpintero.
Era una casa no muy grande, hecha entera de piedra, con el suelo elevado y tres escalones para llegar hasta la puerta principal. Sobre el llamador de esta había una marca que no conocía (la marca de la familia, supuso). Atisbó por una ventana, observando que la casa estaba vacía. El tal Ternain, el carpintero, debía estar cortando madera. Al pensar eso sintió un escalofrío, pero no supo explicar porqué cuando pensó en ello. Sacudió la cabeza, como si quisiera alejar un mal presentimiento.
Se sentó ante la puerta, sobre el segundo escalón, a esperar. Ternain llegó a la hora de la comida, trayendo tras de sí un caballo, que tiraba de un carro cargado de madera, casi todo troncos de árboles ya viejos, pero aún aprovechables. Esto, inexplicablemente, la tranquilizó.
Nada más verla, fue corriendo hacia ella. La reconoció de inmediato por su pelo largo y ensortijado. Era la hija del Roble. ¿Qué estaría haciendo allí? ¿Le traería algún mensaje?
Tras las presentaciones, la hizo pasar y comieron juntos. Al preguntarle por su padre, se dio cuenta que la muchacha no recordaba quien era. Decidió que la acogería en su casa, mientras recuperaba la memoria, y al día siguiente fue al pueblo a hablar con su amigo el Bardo, a ver si había oído algo por los caminos sobre la hija del Roble.
En lo profundo del bosque, donde está el antiguo Roble, el tiempo no transcurre igual que fuera, en el reino de los humanos. Va más lento, es más hermoso. Para el Roble, habían pasado dos días desde que su hija faltaba.
La muchacha se iba a quedar unos días, que se hicieron semanas, meses y finalmente, años. Dos años llevaba en la casa de Ternain, cuando escuchó un mirlo cantando en un árbol, frente a la casa. Se asomó a la puerta y escuchó con atención su canto. Le pareció que decía "tu padre se enfadará cuando sepa que te has olvidado de él y te has venido a vivir con un humano". Pero ella no recordaba quién era su padre, y no sabía como era posible que entendiera el canto del mirlo.
El efecto de la poción que le había dado Volga la Vieja se iba debilitando cada día más... y la muchacha empezaba a tener sueños muy reales de la vida en el bosque, de la caza, de la sensación de libertad al dormir desnuda bajo las estrellas...
Bueno, esa sensación no era nueva, ya la había experimentado al lado de Ternain...
Un hombre bueno, al que había llegado a comprender y amar, que tenía toda la casa llena de cachibaches, utensilios y herramientas, pero que todos los días trabajaba con sus manos algún objeto de madera, tallando, puliendo, desbastando... porque amaba su trabajo, y porque su casa también era su vida: las paredes estaban revestidas de madera, para que no entrase la humedad; las mesas, decoradas y labradas, recordaban fantásticas formas de animales que ella nunca había visto (tortuga, llamaba a la mesa de su despacho, donde hacía los cálculos del material que necesitaba para los proyectos, las medidas, etc); la cocina tenía todo tipo de cucharas, cuencos y vasos tallados; las camas tenían patas como si fuesen fieras y las mesillas, como garzas; los armarios parecían cuevas a otro mundo, llenos de pieles por dentro y con puertas que se deslizaban para abrirse. Jamás había visto casa igual en un humano (no sabía porqué pensaba esto, de repente, si ella también era humana... ¿o no?).
El mirlo llegó de vuelta hasta el antiguo Roble, que lo había mandado averiguar el paradero de su hija, pues estaba muy preocupado. Le contó que la había visto en casa de un humano, un carpintero, que llegaba todos los días del bosque con su carro cargado de madera.
El Roble sintió primero sorpresa, luego dolor, y por último, ira. Sin saber nada de las artimañas de Volga la Vieja para hacerle daño, invocó al Señor de la Tierra, para pedirle ayuda y justicia. Le dijo que su hija le había olvidado, para irse a vivir con un hombre sin corazón, pues todos los días cortaba árboles sin piedad alguna. El Señor de la Tierra le escuchó, y sabiendo que el Roble era incapaz de mentir, le pidió que eligiese un castigo para aquel hombre, si así lo deseaba. El Roble dijo que su hija no estaría con ese hombre, a no ser que la hubiera engañado y engatusado, y que debía tener el corazón de piedra para apartarlo así de su hija. Por tanto, pidió al Señor de la Tierra que el hombre se convitiera en piedra, igual que era su corazón.
"Sea." -le concedió el Señor de la Tierra, creyendo que era justo.
Ternain estaba reparando el muro de piedra de su casa, que tenía una pequeña grieta en la fachada norte, cuando de repente se sintió desfallecer. Se apoyó en el muro, y este se fundió bajo su mano. Apoyó la otra mano, y se hundió también. Perdió el equilibrio y cayó hacia delante, de bruces contra las piedras, fundiéndose con ellas. Sólo quedó la silueta, dibujada en el muro, de lo que hacía un segundo era un hombre.
"Ternain."
Esa fue la primera palabra que dijo la hija del Roble cuando vio en el camino a un hombre con aspecto de leñador. Aún le faltaban dos horas andando hasta el pueblo. El hombre le indicó que se acercara por un camino que rodeaba el pueblo, a su derecha, hasta una casa sobre una colina en el claro del bosque. Allí vivía Ternain, el carpintero.
Era una casa no muy grande, hecha entera de piedra, con el suelo elevado y tres escalones para llegar hasta la puerta principal. Sobre el llamador de esta había una marca que no conocía (la marca de la familia, supuso). Atisbó por una ventana, observando que la casa estaba vacía. El tal Ternain, el carpintero, debía estar cortando madera. Al pensar eso sintió un escalofrío, pero no supo explicar porqué cuando pensó en ello. Sacudió la cabeza, como si quisiera alejar un mal presentimiento.
Se sentó ante la puerta, sobre el segundo escalón, a esperar. Ternain llegó a la hora de la comida, trayendo tras de sí un caballo, que tiraba de un carro cargado de madera, casi todo troncos de árboles ya viejos, pero aún aprovechables. Esto, inexplicablemente, la tranquilizó.
Nada más verla, fue corriendo hacia ella. La reconoció de inmediato por su pelo largo y ensortijado. Era la hija del Roble. ¿Qué estaría haciendo allí? ¿Le traería algún mensaje?
Tras las presentaciones, la hizo pasar y comieron juntos. Al preguntarle por su padre, se dio cuenta que la muchacha no recordaba quien era. Decidió que la acogería en su casa, mientras recuperaba la memoria, y al día siguiente fue al pueblo a hablar con su amigo el Bardo, a ver si había oído algo por los caminos sobre la hija del Roble.
En lo profundo del bosque, donde está el antiguo Roble, el tiempo no transcurre igual que fuera, en el reino de los humanos. Va más lento, es más hermoso. Para el Roble, habían pasado dos días desde que su hija faltaba.
La muchacha se iba a quedar unos días, que se hicieron semanas, meses y finalmente, años. Dos años llevaba en la casa de Ternain, cuando escuchó un mirlo cantando en un árbol, frente a la casa. Se asomó a la puerta y escuchó con atención su canto. Le pareció que decía "tu padre se enfadará cuando sepa que te has olvidado de él y te has venido a vivir con un humano". Pero ella no recordaba quién era su padre, y no sabía como era posible que entendiera el canto del mirlo.
El efecto de la poción que le había dado Volga la Vieja se iba debilitando cada día más... y la muchacha empezaba a tener sueños muy reales de la vida en el bosque, de la caza, de la sensación de libertad al dormir desnuda bajo las estrellas...
Bueno, esa sensación no era nueva, ya la había experimentado al lado de Ternain...
Un hombre bueno, al que había llegado a comprender y amar, que tenía toda la casa llena de cachibaches, utensilios y herramientas, pero que todos los días trabajaba con sus manos algún objeto de madera, tallando, puliendo, desbastando... porque amaba su trabajo, y porque su casa también era su vida: las paredes estaban revestidas de madera, para que no entrase la humedad; las mesas, decoradas y labradas, recordaban fantásticas formas de animales que ella nunca había visto (tortuga, llamaba a la mesa de su despacho, donde hacía los cálculos del material que necesitaba para los proyectos, las medidas, etc); la cocina tenía todo tipo de cucharas, cuencos y vasos tallados; las camas tenían patas como si fuesen fieras y las mesillas, como garzas; los armarios parecían cuevas a otro mundo, llenos de pieles por dentro y con puertas que se deslizaban para abrirse. Jamás había visto casa igual en un humano (no sabía porqué pensaba esto, de repente, si ella también era humana... ¿o no?).
El mirlo llegó de vuelta hasta el antiguo Roble, que lo había mandado averiguar el paradero de su hija, pues estaba muy preocupado. Le contó que la había visto en casa de un humano, un carpintero, que llegaba todos los días del bosque con su carro cargado de madera.
El Roble sintió primero sorpresa, luego dolor, y por último, ira. Sin saber nada de las artimañas de Volga la Vieja para hacerle daño, invocó al Señor de la Tierra, para pedirle ayuda y justicia. Le dijo que su hija le había olvidado, para irse a vivir con un hombre sin corazón, pues todos los días cortaba árboles sin piedad alguna. El Señor de la Tierra le escuchó, y sabiendo que el Roble era incapaz de mentir, le pidió que eligiese un castigo para aquel hombre, si así lo deseaba. El Roble dijo que su hija no estaría con ese hombre, a no ser que la hubiera engañado y engatusado, y que debía tener el corazón de piedra para apartarlo así de su hija. Por tanto, pidió al Señor de la Tierra que el hombre se convitiera en piedra, igual que era su corazón.
"Sea." -le concedió el Señor de la Tierra, creyendo que era justo.
Ternain estaba reparando el muro de piedra de su casa, que tenía una pequeña grieta en la fachada norte, cuando de repente se sintió desfallecer. Se apoyó en el muro, y este se fundió bajo su mano. Apoyó la otra mano, y se hundió también. Perdió el equilibrio y cayó hacia delante, de bruces contra las piedras, fundiéndose con ellas. Sólo quedó la silueta, dibujada en el muro, de lo que hacía un segundo era un hombre.
La hija del Roble llegaba de recoger agua del frío arroyo, cuando vio la escena. Corrió, pero no pudo hacer nada: su amado se había ido, fundido con la piedra de la casa que tanto quería.
Tres días de sol y tres noches de luna lloró junto a él la hija del Roble. Se olvidó de todo, incluso de comer, tan grande era su dolor. Sus lágrimas por un amor verdadero empaparon el suelo a su alrededor y llegaron más abajo, conmoviendo al duende que vivía bajo la colina. Este, afligido por la tragedia, llamó al Señor de la Tierra y se lo contó. El Señor de la Tierra fue a ver a la hija del Roble. Antes de que amaneciera el cuarto día, un hombre con una capa verde, y barba oscura, se acercó a ella desde el bosque. Tomó con su mano su barbilla, y sin decir palabra, le secó las lágrimas con un dedo pulgar áspero y frío. Se llevó el dedo a la boca y las probó. Sus lágrimas le contaron la historia, desde que Volga la Vieja la dejó sin memoria. El Señor de la Tierra se puso blanco de rabia. Respiró profundamente, y tras calmarse, sus ojos brillaron en la noche con una luz que sólo los moribundos alcanzan a ver. Puso su mano sobre la frente de la muchacha, que de inmediato recuperó la memoria, y rompió de nuevo a llorar, por haber decepcionado de esa manera tan cruel a su padre.
"Shhhhht... Niña, no sigas llorando, tu padre sabrá que no es tu culpa, yo mismo se lo contaré, y esa vieja, Volga, lamentará el daño que ha causado su ambición de poder. Dime, ¿qué puedo hacer por tí? ¿Quieres volver junto a tu padre, el Roble, en el corazón del bosque?"
"No, Señor, decidle a mi padre que le quiero con toda mi alma, pero mi lugar está aquí, junto a mi amado Ternain. Era carpintero, pero sólo cortaba árboles ya viejos, que el viento habría derribado. Estaba reparando el muro de la casa, dañado por la lluvia, el granizo y la humedad. En esta casa está su alma. Si pudiera, me quedaría para siempre protegiéndola, para que su obra no se pierda, y que sirva para varias generaciones como ejemplo de amor al trabajo bien hecho. Daría incluso mi vida por permanecer aquí, junto a él."
El Señor de la Tierra entró en la casa, y quedó admirado por el trabajo que había llevado a cabo Ternain durante su vida. Se fijó en un cuenco, cuya forma y color le recordó vivamente a una piedra caliza, a pesar de ser de madera. El trabajo de un artesano que amaba así a la Tierra le conmovió. Consideró que la petición de la muchacha era justa.
"Sea, pues. Te quedarás y guardarás la casa de los elementos. Tus raíces no serán profundas, por lo que deberás esforzarte para que la casa quede protegida y que la piedra no se quiebre. Crecerás generosa y en espiral, como lo hace la Vida, por todos aquellos resquicios donde puedas agarrarte. Deberás ser valiente y llegar arriba del todo, para que el tejado no sufra las inclemencias del tiempo. Deberás ser fiel y agarrarte firmemente, siempre, a la piedra, para que el viento no la deje al descubierto. A partir de hoy, hija del Roble, te llamarás Hiedra."
Y tras decir esto, la hija del Roble sólo pudo musitar "gracias", pues seguía de rodillas frente a la silueta de Ternain, cuando se transformaron sus piernas en raíces, hundiéndose en la tierra, y ella misma se convirtió en una hermosa hiedra, que tapó por completo la figura del muro. Fue creciendo y completando su tarea, protegiendo cada vez por más sitios la casa, hasta que la humedad, la lluvia, el sol, el frío y el viento no pudieron dañar la piedra.
Así es como la hiedra crece sobre la piedra -terminó el duende, un poco cansado debido a la hora que se había hecho tras cenar y contarles el cuento a su nieta y a su amiga, que incluso habían llorado al oírlo.-
"¿Y qué le pasó al antiguo Roble?" -preguntó Cimbel, ansiosa.
"El Señor de la Tierra envió al duende que vivía bajo la colina, que era mi tatarabuelo, a contarle la historia de su hija y Ternain. El antiguo Roble lloró savia cuando supo que su hija estaba bien y lo amaba, aunque ahora se hubiera convertido en otra criatura del bosque, distinta de la muchacha alegre y cantarina que fue, y sin embargo, igual en su esencia."
"¿Y qué ocurrió con la Volga la Vieja?" -quiso saber Dzy´ann, tan curiosa como siempre.
"No lo sé, pues mi tatarabuelo nunca lo supo. Cuando mi tatarabuelo le preguntó qué iba a hacer con ella, el Señor de la Tierra sólo le dijo una palabra, cuyo tono quedó tan grabado en su alma que incluso hoy puedo sentirlo: Justicia."
Tras ver la mirada del Señor de la Tierra cuando salió en su busca de la vieja Volga, los lobos se apartaron a su paso y aullaron de puro miedo, y la Luna se escondió entre las nubes, asustada.
- Dedicado con cariño a mi amigo el Travieso cuenta-cuentos, payasete y tamboril, Curro.
viernes, 9 de septiembre de 2011
Redención
Las películas son, a veces, un silogismo de la vida, una metáfora hecha imagen y sonido, una luz que procede de un refrán o una oración.
Hace poco vi una que hablaba de redención, varios personajes, a lo largo de la narración, consiguen mirar atrás en su pasado - a veces a través de los ojos de otros - y comprenden cómo ha sido en realidad su vida, qué efectos han tenido sus actos sobre los demás:
- El super - hombre, el que se hizo a sí mismo (o la vida, más bien, lo hizo así), se da cuenta
de que no está solo y es menos duro de lo que creía, y necesita a los demás.
- El niño lucha y vence a su miedo, "se hace hombre".
- La protagonista se redime en el sacrificio supremo, entregando su vida para salvarlos.
- El protagonista, un anti - héroe, logra recordar cómo su avaricia y su falta de escrúpulos le costó la vida a la mujer que amaba. Vuelve a encontrar una compañera, sólo para perderla otra vez. Aunque sigue vivo, está solo.
Todos debemos pagar un precio por nuestros actos, y a veces la única forma de redimirse, es estar en paz con uno mismo. Aunque estemos solos, o el precio sea el más caro que podamos imaginar.
"El viejo muere, la chica vive. Me parece justo." - John Hartigan, Sin City.
Hace poco vi una que hablaba de redención, varios personajes, a lo largo de la narración, consiguen mirar atrás en su pasado - a veces a través de los ojos de otros - y comprenden cómo ha sido en realidad su vida, qué efectos han tenido sus actos sobre los demás:
- El super - hombre, el que se hizo a sí mismo (o la vida, más bien, lo hizo así), se da cuenta
de que no está solo y es menos duro de lo que creía, y necesita a los demás.
- El niño lucha y vence a su miedo, "se hace hombre".
- La protagonista se redime en el sacrificio supremo, entregando su vida para salvarlos.
- El protagonista, un anti - héroe, logra recordar cómo su avaricia y su falta de escrúpulos le costó la vida a la mujer que amaba. Vuelve a encontrar una compañera, sólo para perderla otra vez. Aunque sigue vivo, está solo.
Todos debemos pagar un precio por nuestros actos, y a veces la única forma de redimirse, es estar en paz con uno mismo. Aunque estemos solos, o el precio sea el más caro que podamos imaginar.
"El viejo muere, la chica vive. Me parece justo." - John Hartigan, Sin City.
martes, 6 de septiembre de 2011
Crepúsculo
Ceniciento, arde como la nieve,
derrite hasta el carbón.
Unos ojos pintados, unos labios rosas:
¿una esperanza, o una expresión?
Sigo cautivo en tu mirada,
aún sin saber cuanto pesa la nada.
Señales fugaces, senda sin desbrozar:
queda mucho camino por andar.
viernes, 26 de agosto de 2011
Amigos
Salimos a bebernos la noche,
y el tiempo se deslizó por nuestras almas,
sin darnos cuenta.
Derrocharon amistad nuestras voces,
hallaron solaz nuestros corazones,
brilló la risa más que la luna,
que se escondió tras unos ojos maragatos.
y el tiempo se deslizó por nuestras almas,
sin darnos cuenta.
Derrocharon amistad nuestras voces,
hallaron solaz nuestros corazones,
brilló la risa más que la luna,
que se escondió tras unos ojos maragatos.
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