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viernes, 11 de noviembre de 2011

El manantial



Mi alma fluye.
De su interior nacen palabras.
Unas llegan al mundo envueltas en lágrimas.
Otras, en luz.

Deseo que por un instante, dibujen tus ojos marrones.
El óvalo de tu cara pícara y risueña,
la ansiedad transida de dolor que a veces invade tu ser.

Nadie nos hiere, nosotros solos nos herimos, aceptamos.
Sal y brilla en tu risa.
Que sea como el manantial que brota en la piedra,
desde lo más profundo de la montaña,
y se derrame sobre todos por igual.
Que arrastre sus envidias, sus celos, su falta de sentimientos.

Haz lo que mejor sabes hacer: vive, aprende. Y enseña.
Sabes que tú te lo mereces.
Que tu esfuerzo será lo que otros recuerden,
cuando tengan hijos y los eduquen.
Viaja, búscalo, atràpalo, y traételo de vuelta:
pues el conocimiento es el más preciado tesoro,
y la experiencia compartida nos enriquece a todos.

- Dedicado a la buceadora más valiente que conozco.

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