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domingo, 1 de mayo de 2011

Sepia y carboncillo


La luz del día entra por la ventana,
¿o es por la tarde?
Te levantas hoy, sin gana,
y emprendes un viaje.

No huyas del pasado:
pues no existe.
Sólo tienes un día para vivir,
y es de hoy en hoy, en adelante.

Miro la elegancia de tu pelo
desbrozada por el carboncilllo,
la ternura de tu pecho
aureolada por una sombra sepia.

Siento la ruptura de una ilusión,
el viejo hábito de volver a empezar.
La misma cama, la misma soledad.

Esas cuatro paredes,
que aunque hermosas y llenas de hijos,
te hacen recordar.

Sal de viaje, pero no sólo de casa,
sino de tí misma:
tómate unas vacaciones, des-cánsate.

Re-ponte, re-plantéate, re-créate:
ilusiónate otra vez con la vida,
con TUS vidas: con sus ojos,
en los que ver la tu luz de cada día.

Sal de viaje, y no vuelvas nunca:
ni a camino marcado,
ni a hombre malhadado.

Y recuerda sólo por un instante,
sin nombre ni figura, sólo una sensación
que da frutos de ternura, alas de corazón
y hace vivir la mente más allá de toda emoción...

AMOR...

- Dedicado a La rosa de Tenochtitlán...

1 comentario:

  1. Cualquier mujer en diferentes circunstancias se puede sentir identificada en este poema, seguir su invitación, no por falta de ganas, falta de valentía. Muy esperanzador.

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