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domingo, 16 de enero de 2011

Cuento para un hada: el principio de un mundo.


"Mira, allí están, allí enmedio." - dijo Dzy´ann.
"Sí, ya los veo. Venga, vámonos, no debemos interferir en sus asuntos." - le respondió Lii´la.
"¿Qué están haciendo?" - quiso saber Dzy´ann, que por más que se esforzaba, no conseguía ver bien a través de la semiesfera de luz nívea que rodeaba las dos figuras entre la niebla.
"Están Haciendo el Amor." - le espetó Lii´la, impaciente por irse de allí.
Demasiada energía, demasiado cerca.
"No, no lo creo, no hay contacto físico entre ellos, y los humanos a eso le llaman tener sexo, y es necesario contacto físico." - se extrañó Dzy´ann, que miraba la escena sin comprender.
"Veo que no lo entiendes. Te lo mostraré desde el principio, y luego nos iremos de vuelta a casa." - y tras decir esto, Lii´la chasqueó los dedos de ambas manos, agitó sus alas tres veces y las dos hadas empezaron a volar hacia atrás en el tiempo, en una espiral de diez minutos, hasta el principio de todo.

"¿Los ves ahora?" - preguntó Lii´la.
"Sí, pero aún no lo entiendo" - dijo Dzy´ann, mientras contemplaba a una esbelta muchacha que tocaba un violín, y de vez en cuando, pulsaba con sus dedos de la mano derecha las cuerdas, tañendo notas tan bellas como gotas de rocío al amanecer. Frente a ella, un hombre fornido movía su mano derecha en ademanes rítmicos, al compás de la música; en la izquierda, tenía el pergamino más largo que Dzy'ann había visto en su vida (aún era muy joven entre el pueblo de las hadas, poco más que una niña de doce años en términos humanos). El  hombre estaba inclinado sobre el pergamino, y tras cada compás rítmico de su mano, recitaba una palabra, y deslizaba el pergamino un poco, dejando que en una zona virgen cayera algo de su pecho... -¿sangre?-, tras lo cual volvía a empezar con los movimientos y la letanía. La melodía que tocaba la muchacha era a veces acompañada por su voz, que contenía ondas de energía de otro plano.

Dzy´ann cada vez entendía menos.
"Ay, esta chiquilla. Cambia de visión, mira el telar y no sólo el mundo físico, y lo entenderás." - le aconsejó Lii´la, divertida por la falta de experiencia de su aprendiz.

Dzy´ann entornó los ojos, se puso bizca, parpadeó... y empezó a llorar, desbordada de alegría. Las notas del violín surgían en una cascada de luz, cayendo hacia una roca que estaba delante de la pareja. Los tonos que salían de la boca de la muchacha se convertían en pájaros, en ciervos y en muchos otros animales al llegar a la roca. Nada se salía de su lugar, pues el hombre -¿o era un lobo?- con su mano -¿garra?- iba moviendo los hilos del telar, la urdimbre misma de la vida, que la música creaba, y los iba colocando, a veces cortaba uno, y otras veces metía uno entre los demás, cambiando su imbricación. Cada vez que un compás terminaba, una gota de la sangre de su corazón manaba de su pecho e iba a caer en el pergamino, formando letras de un alfabeto que Dzy´ann desconocía. Entonces él pronunciaba esa palabra, y la música, ininterrumpida, retomaba el compás de la creación.

"¿Lo entiendes ahora, chiquilla? Están en el principio de un mundo: ella va creando, con su música y su canción, toda la realidad que existe entre ellos, la crea y le da formas; él busca para cada forma creada su tiempo y su lugar en el telar de la vida, y con sus manos y su corazón, encuentra nombres a las formas y les da entidad, escribe sus nombres en el pergamino del mundo y los pronuncia, haciéndolos existir en la realidad." - explicó Lii´la, extasiada ante la escena.

Dzy´ann, entre lágrimas, no dijo nada. Era lo más hermoso que había contemplado nunca. Ahora lo entendía, estaban Haciendo el Amor, estaban creando la energía primigenia, de la que son partícipes los átomos y las ondas y los rayos, que está imbuida en todo lo creado, y que cambia toda la realidad cuando la alcanza.

De pronto, Lii´la abrió la boca, sorprendida: un ojo azul de lobo la miraba fijamente. No había tomado precaución alguna, y ahora se daba cuenta de que no habían vuelto al momento que ella quería, puesto que la pareja no tenía ninguna luz alrededor. Sin variar ni un ápice el tono de su voz, ni detener la melodía, surgieron alrededor de ellos dos arcos de luz, uno de sur a norte y otro de oeste a este, que se juntaron en el centro, sobre sus cabezas, y empezaron a girar en el sentido de las agujas del reloj, formando una espiral de luz, una esfera nívea que los protegía, mientras seguían creando su Amor.

"¡Vámonos de aquí, chiquilla, deprisa, no deberían habernos visto!" - gritó Lii´la, batiendo tres veces palmas y balanceándose adelante y atrás con sus alas. Dzy´ann la imitó al instante, y ambas volvieron a su hogar bajo los almendros, justo a tiempo de oír cómo la vieja Skee´lah chillaba: "¿Cómo os habéis atrevido a dejaros ver? ¿Es que no sabéis que habéis estado a punto de interrumpir el rito más sagrado para la madre Tierra?".

"En menudo lío nos he metido." - pensó Lii´la, mientras ponía su mejor cara de no haber roto un plato. "Pero si la chiquilla hoy ha aprendido cómo es de verdad la vida, habrá merecido la pena" - se dijo, mientras sonreía para sus adentros ante la cara de la enfurecida y vieja Skee´lah, y miraba de reojo la expresión de arrobo en el rostro de Dzy´ann, que miraba hacia arriba con una esperanza nueva.

3 comentarios:

  1. Pasaré con más tiempo

    Un Abrazo, GPS :)

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  2. Vaya!... una violinista... y me imagino que no en el tejado... :)

    Una buena musa te ha inspirado este bonito cuento de amor musical y fantasía

    Un Abrazo

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  3. La musa
    Al fin la encuentro…
    no sé dónde la extravié,
    pero ahora ha vuelto a mí.
    Y cuando la hallo, mis manos tejen versos
    en ese telar de palabras que llaman teclado.
    Versos hechos con miel, con enebro,
    con dolor, con amor,
    con caricias, con llantos...

    Un abrazo, amigo, gracias por tu luz.

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