Páginas vistas en total

lunes, 6 de junio de 2011

Fresas tras el abeto - Prólogo

Prólogo


Despuntaba el día, clareándolo todo con los colores de la luz incipiente, que se iba asomando sobre el horizonte, reptando, sigilosa, abriendo flores a su paso, que exponían su interior más bello, agradecidas.

Sus ojos se entreabrieron. “Mmmmhhh” – musitó, medio dormida todavía. Su cabello rubio le llegaba hasta la mitad de la espalda, cayendo también por delante hasta sus pechos. Se dio la vuelta sobre la cama, pero su compañera ya no estaba a su lado; aunque era el alba lo que la había despertado, y no su ausencia.

Saltó de la cama con su metro ochenta de piel erizado por el frío repentino de tirar el edredón al suelo. “Lauraaaaaa” – llamó, pero no obtuvo respuesta a través de la ventana abierta. Enero en Snowdonia. Hasta las águilas tenían carámbanos en el pico.
“¿Dónde se habrá ido esta vez? Tendré que ir a buscarla, con este frío” – pensó Emma,
mientras recordaba los sitios donde otras veces la había encontrado, tras varios días de búsqueda.

Tenía los pezones de punta por el frío. Se puso su ropa de trabajo, y la capa de siempreviva encima. Salió calzada con sus botas de piel de oso, y las raquetas debajo. En la nieve se veía el rastro de unos pies humanos, y algunas gotas de sangre de vez en cuando. "Vaya, parece que le ha venido, por fin” – se dijo a sí misma al ver la sangre.

“Mira que si se llega a quedar encinta después de su último encuentro, no quiero imaginarme las consecuencias. Su madre me habría cortado las orejas” – y al pensar eso tembló, recordando la ira de Gyenna, la madre de Stauba (Laura era su nombre de humana, que Emma usaba para recordarle que tenía unas obligaciones si vivía junto a otras personas, en sociedad).

Sí, sin duda, le habría cortado las orejas... o el cuello. Ella era la encargada de proteger a su hija. Pero en realidad, por mucho que se esforzaba, no podía controlarla, ni seguir su ritmo.

Era como una niña, curiosa e inquieta, que iba de aquí para allá, explorando, buscando todo lo que le llamaba la atención por su tipo de energía. Y eso en esa región era algo especialmente peligroso. Porque había puertas entre los mundos que nadie sabía adónde llevaban, ni como pasarlas, ni cuándo habían sido abiertas. Y porque a veces de esas puertas salían visitas poco recomendables...

2 comentarios:

  1. Ey! y lo dejas así???, sin saber qué acontece después!!!!, esto no se hace...demasiado bonito e intrigante para dejarlo a medias !

    Lobo, grrrrrrr !!!!!

    ResponderEliminar
  2. Bueno, lo primero es el prólogo, y lo último el epílogo... jejeje, tranquila, que habrá más entregas. Me alegra que te guste. Un beso y un abrazo, amiga. (Otro pa tu gaitero). ;)

    ResponderEliminar