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domingo, 5 de junio de 2011

Don Alguien

Sin duda, ochenta y tantos años es una edad respetable.
Lo bastante como para tener el tratamiento de Don o Doña, sobre todo
si va asociado a una posición respetable en el seno de esta hipócrita sociedad.
Pero sigo creyendo, más como filosofía vital, que como teología, que toda acción
tiene su reacción correspondiente.
Que todo lo que hacemos, tarde o temprano, vuelve a nosotros. Bien con bien,
y mal con mal, nos es devuelto. Y no en la misma medida que lo realizamos,
sino multiplicado por tres, al menos.
Que no es azar, sino la respuesta a nuestros actos, lo que trae el amor a nuestra vida.
Que no existe la casualidad, sino la causalidad.
Que nuestros odios de hoy los pagaremos mañana con creces.
Que nuestras rapiñas y nuestra codicia serán vanas, pues nada llevaremos a la tumba
del vil metal. Y que a la Muerte le da igual si somos ricos o pobres, pero a la Vida sí
le importa si dejamos deudas atrás.
Y aunque sea en último término, las pagamos todas juntas.
No quisiera yo ser Don Alguien, y que venga ella a cobrarse el precio de una vida,
amparada por la noche y un pasamontañas.
Prefiero morir pobre y tranquilo, prefiero ser Don Nadie.
Cuando llame a mi puerta, le abriré con calma y la invitaré a un café, como
a esa vieja amiga que no ves desde antaño, pero que sólo mirarle a los ojos,
ya sabes qué te va a decir, como si no hubieran pasado cinco minutos desde
la última conversación, y después de charlar sobre la Vida, saldremos, como hace años,
a bailar juntos a la luz de la Luna...

3 comentarios:

  1. Todo aquel que se cree superior a los demás, en el fondo, esconde lo que tanto le pesa ,y se avergüenza de serlo sin pensar, que si fuera más humilde, no cargaría con ese lastre.

    Yo, Doña Nadie, encantada....

    Un beso, lobo.

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  2. Hola Javi, que chula esta entrada, me ha encantado, un saludo. Chao.

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